A esta altura de mi vida, tomo todo con otra filosofía. Si la gente piensa que hice una buena carrera profesional, mejor. Me sentiría gratificado. Pero si no, no me hago drama. Yo sé que entregué todo lo que pude. No me reprocho nada...
Sí, puede ser. Teníamos que ganarnos a la gente. Lo que pasó antes, afuera de la cancha, ya es parte del pasado. Di la cara en un momento que debía hacerlo y no me arrepiento. A pesar de todo lo que pasó después, tenía que ser así. Esta Copa América nos tiene entonados. Sobre todo porque es la última oportunidad para una generación como la mía, que vivió momentos muy duros. Es algo así como un sueño porque, después, deberíamos adaptarnos más a la realidad. Somos un país chico, hundido en una crisis económica que impide que el mismísimo Centenario esté lleno en los cuartos de final. Nos cuesta organizarnos, nuestra Selección tendría que jugar uno o dos partidos por mes pero no se puede. Después de 1950 hemos ganado poco. Y eso que ya vamos a pisar el año 2000. Navegamos en la inestabilidad. Que todavía surjan jugadores como Fonseca, Sosa, Poyet, Herrera o Dorta ya es un milagro.
Eso sería lo ideal. Pero es muy difícil... Cuando yo aparecí en primera, ya surjían jugadores y se iban. Ahora aumentó más ese promedio. El condicionamiento económico es muy fuerte, no se puede contra eso.
Yo creo que hicimos cosas buenas. Por supuesto que también cometimos errores. Somo humanos. Pero, después de todo, los únicos que hicieron más que nosotros fueron los seleccionados de las décadas del '30 y '50. Vivimos en un país exitista, acostumbrado a los triunfos de otras épocas.
No, es hermoso. Ya lo habíamos palpado cuando viajamos de Los Aromos al Centenario. Hay que acostumbrarse para que no nos juegue en contra.
Es la persona que se alejó de la polémica, el que confió en nosotros cuando muchos dudaban. Además, un gran tipo, con mucho humor, sabe lo que quiere y se preocupa por todo. Ojalá que con él lleguen los éxitos. Aunque, claro, los uqe definimos las cosas somos siempre los jugadores. El técnico puede influir en la mentalidad o en la organización de un equipo, pero no sale a jugar.
Es que no hubo mucho tiempo para trabajar tácticamente, nos vamos armando sobre la marcha. Encima, contra los bolivianos se nos lesionó Fonseca y ahora no sabemos si estará en lo que falta de la Copa... Pero ojo, que demostramos no ser menos que Brasil o Argentina, por ejemplo. Estuvo todo muy parejo. Lástima que ustedes se tuvieron que cruzar con los brasileños en cuartos. Si no ésa era una semifinal clavada.
La gran solidaridad del grupo, la garra que pone en los momentos difíciles y el poder ofensivo que le da Fonseca. Es algo, no?
No creo. Hay que ver cómo se dan las circunstancias. Fracsaríamos si no dejáramos todo por llegar lo más lejos posible.
Yo destaco a Diego Dorta. Tiene un equilibrio bárbaro: ordena, manda, grita, tiene mucha personalidad.
El poder de ellos no se discute. No me sorprendieron. Ya sabíamos que Batistuta y Balbo son dos fenómenos, que Julinho y Roberto Carlos matan, que Fonseca siempre la mete... Somos todos conocidos, siempre los mismos, je.
No, nunca jugué con él. Pero le doy mi apoyo incondicional, como lo hice siempre con todos los técnicos que tuve, inclusive Cubillas. Tengo referencias por la gente del club que el Pelado es un muchacho responsable y trabajador.
Así es, necesitamos ganarla. Para mí sería importantísimo. Cuando la iba a jugar con River, me fui a Europa. Después la ganaron con el Bambino, y, si bien yo la sentí como mía, no la jugué.
Casi seguro. Yo vivo de la realidad. Voy a cumplir 34 años y tengo los pies sobre la tierra. Si dijera que llego al Mundial de Francia mentiría. Me suena a utopía. Le quiero pagar a mi familia el tiempo que no le pude dar. Por ahora, no me cuesta levantarme para ir a entrenar. Pero no sé qué sentiré mañana. No quisiera que otra persona me dijera: "Flaco, no pensaste en largar?" Sería muy duro.
Siempre se encuentra algo pero... lo de ahora es para estar más que contento. Cuando estiré los brazos hacia el cielo me relajé mucho. Sabía que había cumplido con lo que me había propuesto.
Esperá un poquito que faltan cinco meses todavía. Vamos a disfrutar un poco que recién hace dos días que salimos campeones. Ese partido por la Intercontinental será bárbaro, pero no me va a cambiar en nada. A esta altura de mi carrera no puedo pedir nada más.
Fue después del partido. El nos dió la posibilidad de ganar la Copa. Aparte de ser un excelente jugador, es un gran tipo.
El día que perdimos 2 a 1 en Perú. Le dije a Gaby (Cedrés) que nos tendríamos que haber comido tres o cuatro goles. Después lo pudimos remontar acá y nos dimos cuenta que teníamos la suerte del campeón. Sin suerte... no hay nada.
Para ustedes (los periodistas) él era de una manera, pero a nosotros, se nos brindó desde el primer día. Al grupo le hacía falta tiempo y nosotros lo sabíamos. Ramón es una gran persona y por eso siempre estuvo con todos los que integramos este plantel. Hoy está a la vista el resultado: con él ganamos la Copa Libertadores. El entrenador es fundamental.
Sí, estaba en París. Me despertaron a la madrugada desde Buenos Aires para que escuchara en vivo los últimos 10 ó 15 minutos del partido contra el América en el Monumental. Creo que fue la transmisión de Victor Hugo. Seguí los últimos minutos de la final en vivo, por teléfono, y después tuve contactos con los muchachos. Cuando habían viajado a Colombia también hablé, como lo hice en casi todos los partidos con Alzamendi, Gutiérrez, Ruggeri, Pumpido... Viví bastante de cerca esa Copa, no se pude decir como si hubiese estado, pero por la amistad que me unía a los muchachos de ese equipo y por las ganas que yo tenía que ellos la ganaran, la viví intensamente. La Copa del '86 fue una alegría enorme para todos aquellos que queremos la camiseta de River.
Bronca no, yo me moría de ganas de estar allí, era el deseo de compartir un logro tan importante. Por supuesto que me puso muy contento que la hubiera conquistado un equipo que unos meses antes yo integraba, me puso feliz por los lindísimos momentos compartidos, también por el Bambino y por toda la gente. Yo le comentaba a mis amigos: "Qué macana que no puedo estar allí!". Sinceramente...
Sí, porque me imaginaba a todos festejando, dando la vuelta en el Monumental en un estadio donde, después del Mundial '78, nunca se había juntado tanta gente. El grupo era bárbaro, la gente de River... Todas esas cosas me rompieron el corazón en el buen sentido. En el fondo somos todos sentimentales. Por qué me fui? Era la posibilidad de entrar a Europa, de asegurarme económicamente, es lo que yo le aconsejo ahora a Crespo o a otro jugador que me pida una opinión. En el fútbol, a cierta edad, hay que aprovechar el presente porque uno después no sabe qué puede pasar, y todos los que dicen que hoy ayudan, mañana no lo hacen. Para mí fue una decisión difícil y personal: me tenía mucha fe para que Francia fuera el trampolín que me lanzara a Italia, aunque al final estuve cuatro años para ir allá. Pero en ese momento estaba seguro y convencido de lo que hacía.
No, yo sabía que River podía ganar la copa, pero tuve que elegir. También estaba seguro de que, si ese River no se desmantelaba como se desmanteló, hubiese hecho historia por cuatro o cinco años.
Era diferente, lo formaban jugadores mucho más experimentados. Tenía una pareja de backs muy madura, como Gutiérrez y Ruggeri; después estaban Gallego, Alonso y Alzamendi que sumaban 200.000 partidos internacionales. También jugaban juntos hacía mucho tiempo, y lo hacían con el mismo técnico, a diferencia de ahora. Aquel equipo fue de menos a más, en cambio el de hoy mostró más altibajos.
Sí, en algún momento lo pensé. El año pasado me lesioné justo en la última acción del partido contra Brasil, por la copa América. Cuando regresé, eliminamos a Vélez y ya había arreglado con los médicos que si superábamos a Nacional de Medellín, volvía para jugar la final. Pero perdimos por penales, por esas cosas del fútbol, porque esa noche River se comió un montón de goles. Pero en el inconciente yo pensaba en esta Copa, porque ya habíamos clasificado.
Sí, fue mortal, lo vi desde la platea sabiendo que podía jugar la final. River debió haber ganado ese partido por tres goles, en condiciones de suerte normales. Pero nadie puede reprocharse nada si se juega como se jugó aquella vez... Todos deben salir al otro día con la cabeza bien alta. El fútbol tiene estas cosas: hoy, casi al final de mi carrera, tuve la chance de ganar una Copa que yo siempre lamenté por no poderla jugar. Y Almeyda, por ejemplo, que hace un año le tocó errar un penal decisivo, en esta copa nos llevó a la final. El fútbol suele quitarnos muchas cosas, pero en algún momento las devuelve.
Uhhhhh... cómo no me voy a acordar! Fue una etapa bastante dura. La gente piensa que para mí todas fueron flores, pero me pasó lo que le suele pasar a cualquier jugador de fútbol cuando a su equipo le va mal: los hinchas no estaban contentos, las críticas arreciaban por todos lados. Me acuerdo de una tapa de El Gráfico en la que yo aparecía con las camisetas de River y de la Selección uruguaya. Y se preguntaba: "Cuál es el verdaero Francescoli, ídolo en Uruguay o fracaso en Argentina?" Guillermo Nimo, con quien me une una buena relación hoy, había dicho que River no me tenía que pagar a mí sino que yo le tenía que pagar a River para jugar...
Es cierto, en el club no me querían y todo el mundo me daba por despachado. Pero yo me quise quedar, más que nada por un orgullo propio. Mis amigos más cercanos, hasta incondicionales, como Paco Casal, me recomendaban irme. Pero yo no me podía ir vencido de un club tan importante: entonces decidí probar otra vez. Y lo hice en un momento difícil, con Cubilla que no me quería y me ponía de ocho... La cuestión es que remé contra la corriente y por suerte no me desanimé. Hoy siento que en River tengo una condición de ídolo que nunca hubiera imaginado podía ser así...
Puede ser, sí, puede ser. Fue un año muy duro: la gente de River no iba tanto a la cancha, después se dió la huelga de dos meses y, cuando volvimos, los hinchas nos querían matar. El Monumental vacío es mortal porque retumba mucho. Me acuerdo de esos gritos: "Uruguayo carne de paloma, andate, no vengas más!"; "Flaco muerto de hambre, estás robando la plata!". En el Monumental sonaba feo, para mí era todo nuevo, tuvimos que entrenarnos en Palermo, pero bueno... pude superarlo. En Francia y en Italia también pasé de las malas. Cuando llegué al Cagliari, sufrí una fractura de peroné por estrés, no me podía mover. Venía de cuatro años sin vacaciones (de 1986 a 1990) y esto, pese a que se hace al aire libre y es una pasión, cansa, cansa al balero. No me podía mover, fue un momento difícil. En un momento llegué a dudar de mí porque la pelota me pasaba por abajo del pie, o si intentaba driblear para un lado, el defensa iba para el mismo lado, adivinaba mi intención...
Sí, el bocho es muy fuerte. Con toda la experiencia que tengo estoy seguro, pero seguro al 100%, que el fútbol es un gran porcentaje físico, otro técnico, y una gran porción, la mayor, es anímica, del bocho.
Cuandollegó el momento del regreso, mucha gente importante que no me interesa nombrar, no quería que volviera a River. Yo era conciente de que no estaba en una condición desastrosa, sabía que no me equivocaba y que no iba a defraudar. Bah!, esperaba eso. Para mí no era fácil porque no tenía que tirar por la ventana todo aquello que había logrado. Lógico que no esperaba llegar, salir campeón y goleador, y ganar la Copa... Yo pensaba que a esta altura iba a tener sólo algunos chispazos y resulta que me encontré jugando cada tres días y sin problemas. Sabía que iba a responder futbolísticamente, pero poder jugar todavía a este nivel es un regalo de Dios.
Estoy jugando diferente. Hace diez años agarraba la pelota y desequilibraba solo: pasaba entre tres hombres, tenía un pique de cinco o diez metros mortal, hacía piruetas espectaculares como la chilena. Hoy es diferente, me siento más maduro, le pego mejor a la pelota, entro sólo en los momentos importantes del partido. Administro mejor mis fuerzas y hasta por ahí las del equipo... Antes, en cambio, me administraban a mí: Gallego me dirijía, el Beto me daba consejos en la cancha, Ruggeri y el Tano me bancaban a muerte, son momentos diferentes...
Si el nivel que tuve en el último año en Cagliari y en Marsella, o el segundo año en París -fui declarado el mejor jugador de Francia-, lo hubiera mostrado con la camiseta de la Juventus o del Milan, me habría pasado lo mismo que hoy en River. Lo que pasa que la trascendencia de un jugador se magnifica según la camiseta que uno use. Yo no me arrepiento de nada y creo -humildemente lo digo- que si hubiera jugado en un grande de Italia, las cosas hubieran sido mucho más importantes para mí. Pero yo jamás pensé que el presidente de un club se iba a encaprichar porque le gustaba cómo jugaba y no me iba a dejar ir a ningún lado por cuatro años.
Obvio, se habla, pero poco. Eso sí, a mis hijos nunca les saco el tema. Si ellos quieren hablar o jugar conmigo, no hay problemas. Pero si ellos no me lo piden, yo no les digo nada, porque ya tienen bastante con eso de que su padre es un tipo importante en el fútbol de la Argentina.
Si, a veces me joroban y me dicen Príncipe, especialmente cuando juego al fútbol con ellos.
Ojalá pudiera hacerlo cuando deje de jugar. Creo que es un problema de nuestro fútbol -y cuando digo nuestro me refiero al argentino y al uruguayo- olvidar a los jugadores trascendentes que están identificados con un club. Futbolistas como Bochini, Alonso o Fillol deberían trabajar en los clubes a los que les dieron tanto...
Puede ser. Lo envidiaba en ese momento y ahora, en cierto modo, soy yo quien llevo ese gran peso. Creo que aprendí mucho de él. El jugador debe ser inteligente para recoger las cosas que ve y que tiene la suerte de vivir. Yo tuve la suerte de vivir años importantes con Alonso, que era el ídolo indiscutible, y aprendí muchas cosas. Yo hablaba mucho con él sobre ese tema del ídolo.
Mantengo una gran relación con todos los muchachos del plantel, pero especialmente con Cedrés, mi mejor amigo. Desde que volví al club, comparto con él todas las noches de cautiverio en la concentración. Me hice muy amigo, es un tipo bárbaro.
Sí. Yo estoy seguro de que mucha gente del club no le ha dado el valor que realmente tiene. Y no es algo de hoy. No nos olvidemos de que el año que salimos campeones invictos, Gaby jugó de ocho y fue uno de los tipos más importantes del plantel. Pero como Gallego lo sacó los dos últimos partidos, quedó un poco en el olvido. Aparte, este tipo de partidos por la Copa Libertadores no se gana solamente jugando lindo al fútbol, hay que ser hombre. Y él transmite, es fundamental para unir al grupo. Sin verso, se formó un grupo bárbaro. Muchas veces nos juntamos en la habitación nuestra con los muchachos que más nos damos, como el Gaby Amato, Crespo, Astrada, Almeyda, Burgos y terminamos los veinte charlando en la habitación.
De palabra, sí, no creo que exista ningún problema. Es un tema que, a esta altura de mi vida, no me preocupa y menos con estos dirigentes, que tienen palabra.
Sí, yo quiero terminar en River para vivir los últimos momentos de mi carrera de la forma más feliz posible. Y la forma más feliz es acá, en River, donde tengo una aceptación que no la encuentro en ningún lado.
Lo de Peñarol es como el sueño de un niño, una manera de agradecerle a mucha gente que, sin que yo me pusiera nunca la camiseta de Peñarol, me quiere como si yo hubiese jugado para ellos. Me gustaría vestirla en algún partido importante, en alguna Liguilla si fuera posible o en un partido homenaje. Pero más allá de ese deseo, voy a terminar mi carrera en River.
Motivaciones?! Obvio, la Intercontinental y la Supercopa.
No, no. Qué quieren, que largue ahora? Ya te dije que no decidí nada. Estaré con Independiente. Y también estaré después de que vuelva de jugar contra Chile, por las eliminatorias.
Sí, por qué no? Ojalá.
Ya te dije que no lo decidí. Veremos. Cuando lo sepa, reuniré al periodismo y les comentaré cuándo y por qué me voy. Ahora empieza la Supercopa, que es un título importante para el club porque nunca lo ha ganado. Pero no sé... Siento que cada vez me cuesta más. Estoy en mis últimos momentos como futbolista, pero no sé cuándo voy a dejar. Por ahí me levanto medio loco un martes o un miércoles cualquiera y largo todo.
No. Para que sea todo bien claro, hasta mi señora me ha dicho que ella no iba a influir en esta decisión, como tampoco antes lo hizo. Es una decisión muy mía. Así debe ser. Todos tenemos que ser realistas en la vida. Y como dijo Platini, el fútbol es para los jóvenes. Eso me quedó grabado. Y a mí, repito, se me están acabando las pilas.
La decisión del retiro está más allá de una vuelta olímpica o de un resultado. Aunque clasificar para el Mundial con Uruguay sería un incentivo de vida.
Si yo pensara eso, sería injusto con mis 18 años de carrera y con todos los sacrificios que hizo mi familia. Ningún jugador con una trayectoria como la mía puede estar detrás de un resultado, porque si así fuera, no tendría valor todo lo vivido antes.
Ramón me ha dicho de no concentrar en algunos momentos. Pero antes de hacer eso prefiero dejar.