¿Cuáles son las aspiraciones del Zaragoza?

Zaragoza-Glentoran, 1962, debut en Europa Esta es la pregunta que surge invariablemente a comienzos de cada temporada, e invariablemente también la respuesta es la misma: la clasificación para los torneos europeos. La temporada por tanto se considera exitosa en función de la presencia en la siguiente en dichos torneos. Pero vayamos a analizar en profundidad lo que esto significa.
En primer lugar convendría detenerse en algo que hace mucho tiempo se da ya por supuesto, cual es la permanencia en la primera división del fútbol nacional. Lejano queda ya el último descenso, en la temporada 76-77, hace ahora 23 años. Desde el año siguiente, una vez superado el escollo del obligatorio año en segunda, el equipo ha disputado todas las temporadas en la máxima categoría, circunstancia nada desdeñable si se tiene en cuenta que es solo compartida por otros cinco equipos: Real Madrid, Barcelona y Ath. Bilbao, que nunca han dejado de pertenecer a la primera división, At. de Madrid, que suma únicamente cuatro ausencias de la misma en toda su historia y Real Sociedad, cuya última presencia en la categoría de plata data de la temporada 66-67, si bien por aquel entonces arrastraba cinco temporadas seguidas en dicha categoría. Del resto de los equipos, el Valencia suma un año de destierro, habiendo pasado todos los demás por dos o más temporadas de ausencia entre los grandes.

La última formación que militó en segunda, temporada 1977-78 Esto arroja un balance inicial nada desdeñable en cuanto a la andadura última del Zaragoza en la competición. Por supuesto en dicho periodo no han faltado temporadas en las que el peligro del descenso ha estado presente, con su máximo exponente en la disputa de la promoción en el año 91. También queda cercana una desastrosa primera vuelta de hace dos temporadas tras la que se era colista con la escasa renta de 15 puntos (disputándose ya la liga de tres puntos y con 20 equipos), que sin embargo supo remontarse con una gran segunda vuelta. Pero excluído esto y algunos apuros en el asentamiento en la categoría tras el último ascenso, las jornadas finales se han vivido con desahogo en ese sentido.

Ahora bien, volviendo al tema principal, el de los objetivos planteados y conseguidos o no, cabría decir, midiendo por el rasero autoimpuesto, que la proporción de éxitos no es muy elevada. Solo en cinco de las veintiuna temporadas se ha logrado el derecho a formar parte de la élite europea.

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En tres de ellas por otra parte, trajo además un título,circunstancia que por sí sola justifica más que sobradamente la temporada.Es curioso observar que se ha participado en menos ocasiones por la mera clasificación liguera que por la participación en torneos de eliminación, lo cual no dice mucho en favor del Zaragoza en el torneo de la regularidad. En el apartado de los títulos no es mucho lo que se le exige al Zaragoza, y el periodo analizado supera con creces al resto de la historia, máxime si no se tiene en cuenta el lustro de los "Magníficos" (1962-1967).

Sin embargo en el otro apartado, en el de alcanzar temporada a temporada la meta marcada, el balance es escaso. Dos periodos "exitosos" en cuanto a juego, principios de los 80 con Beenhaker, que trajo espectáculo pero ni una sola presencia europea, y el más reciente de Víctor Fernández, que puede considerarse el mejor de la historia, con la salvedad quizás de los mencionados "Magníficos". Quizá pudiera prolongarse el primero de ellos hasta la consecución de la Copa del 86, temporadas en las que se oía incluso hablar de aspiraciones ligueras, pero que raramente se concretaban en una clasificación para la UEFA. Fuera de esto, una presencia aislada, la del año 89.

Los zaraguayos obtuvieron las mejores 
clasificaciones en liga A la luz de este análisis cabe extraer varias conclusiones. La primera, ya mencionada, de que el Zaragoza nunca ha realizado un gran papel en la liga, un único subcampeonato en el año 75, y sin mantenerse más de dos años seguidos un alto nivel en dicha competición. La segunda, que el equipo atraviesa por épocas grises de un máximo de unos cinco años antes de retomar la senda de algún nuevo éxito más o menos continuado (copa del 86-clasificación UEFA del 89-periodo el 92 al 95). En este sentido es preocupante observar el retroceso sufrido en el momento actual, con cuatro largos años ya de anodina participación liguera, alcanzando únicamente una semifinal en copa hace dos años. Por último, y ya más globalmente, que todas las décadas, desde los años 60, han traído un periodo de éxitos que suele coincidir con la mitad del decenio.

Sería de desear que una vez superada una etapa de cambios y con la formación de un esquema de club moderno como el actual, se consiga un asentamiento más firme entre los principales equipos nacionales apoyado en la excelente trayectoria en la actual competición de liga, y que como consecuencia los éxitos futuros no devengan en una brusca decadencia de la que se tarda más tiempo del conveniente en recuperarse.