El fútbol es así

(O el arte de hablar de fútbol sin decir nada)

El técnico es inquirido por los mediosEl fútbol es así. No hay mejor forma de resumir lo acontecido antes, durante y después del partido. La frase ya lo dice todo. Sin embargo, los menos avezados en la materia quizás echen en falta alguna aclaración postrera a tan lapidaria frase que casi nunca suele acompañarla. A lo sumo un "unas veces se gana y otras se pierde", excesivamente conformista, un fatalista "hoy en día no hay enemigo pequeño" o un desolado "cuando la pelota no quiere entrar..."

Ya a comienzo de la semana comienza a tirarse de manual de tópicos futbolísticos, haciendo recuento de bajas tras el encuentro anterior, pasando de los "tocados" (?) a los que "son duda" o incluso "seria duda", como si de esa categoría Shakesperiana pudiese participar un futbolista, para finalizar en los "descartados", concluyendo si el balance arroja un elevado número de los tales que "la enfermería está repleta". Aunque el jugador optimista declarará que espera estar en condiciones para jugar el próximo encuentro añadiendo invariablemente "si el míster lo estima oportuno". Puede evitarse la perífrasis mediante la fórmula "estar a disposición del entrenador".

El jugador no ha de enterarse por la prensa Los entrenamientos van desarrollándose "en sesiones de mañana y tarde", entre el alborozo del aficionado cuando el jugador lesionado "comienza a tocar balón" y la congoja cuando "entrena al margen de sus compañeros", "efectuando ligeros ejercicios de calentamiento". Con estas y otras circunstancias "va perfilandose el que muy probablemente sea el once que salte inicialmente el domingo al terreno de juego" (léase también se adivina el equipo titular), que nunca será confirmado con antelación por el entrenador ya que "prefiero comunicárselo primero a los interesados".

En la evaluación previa del rival se ha de ser necesariamente pesimista. Si el equipo contrario viene con muchas bajas "los que salgan en su lugar lo harán igual o mejor", porque además "querrán ganarse el puesto". Siempre es preferible jugar contra equipos grandes, ya que estos "vienen a jugar al fútbol y van más con nuestro estilo", ya que es bien sabido que los pequeños "vendrán a encerrarse y lo pondrán muy difícil". Pero es que además hoy en día "el equipo más modesto se te puede subir a las barbas". Cabe preguntarse cuándo comenzó ese "hoy en día" y cuáles eran los tiempos en que podía esperarse confiadamente la visita de un modesto. De todo ello parece concluirse que sería mucho mejor para los intereses del club enfrentarse, semana sí, semana también, al mejor equipo de la competición. Al que por supuesto "no vamos a descubrir ahora".

La situación en la tabla también es un factor determinante. Si el contrario atraviesa una situación delicada "son muy peligrosos porque llegan con gran necesidad de los puntos en juego", aunque si su posición es más desahogada "vendrán a jugar sin presión, y eso los hace más peligrosos". Está claro.

Las probabilidades de que el terreno de juego "no se halle en óptimas condiciones" siempre juegan en nuestra contra, ya que somos "el equipo que viene a jugar", y en tales condiciones "siempre es más fácil destruir".

Una vez puesta la venda antes que la herida, llegando a afirmar en situaciones desesperadas que "no tenemos nada que perder y sí mucho que ganar" ya tenemos todas las condiciones para que "el árbitro dé el pitido inicial". El partido comenzará invariablemente con los "minutos iniciales de tanteo", ya que ambos rivales "se tienen mucho respeto". De no ocurrir nada raro, se llegará a la conclusión de la primera parte "con el marcador inicial de cero a cero", por si quedaban dudas de que hubiera podido comenzarse con otro marcador inicial. Salvo que se haya tenido la suerte o la desgracia de encajar, o anotar, el "gol psicológico" logrado a poco de que "el árbitro con su silbato envíe a los jugadores al túnel de vestuarios".

Interesantes opiniones recogidas a pie de campoEn este interludio los jugadores se vuelven más concisos que nunca, siendo realmente difícil para el esforzado reportero que desarrolla su labor "en línea de vestuarios" obtener de ellos la más escueta declaración. Que por otra parte rara vez guardará relación alguna con la pregunta formulada, pero que el citado reportero repetirá invariablemente palabra por palabra una vez que el jugador se haya marchado, de manera que podamos desentrañar los más hondos matices que encerraba y que nos habían pasado inadvertidos en una primera audición. Estas, en caso de evaluar un marcador altamente positivo, incidirán en el aspecto de que "aún quedan 45 minutos" (o por si las dudas, que "el partido dura 90"), de que "hasta que el árbitro pite el final no hay nada dicho", o en caso contrario que, aunque la situación sea desesperada "en la segunda parte saldremos a darlo todo". No se ha registrado hasta la fecha declaración alguna en el sentido de que se estudiase la posibilidad de escatimar esfuerzos en la segunda mitad.

Las cámaras juzgan inexorablemente su actuación En caso de hallarnos siguiendo el encuentro por televisión, contamos con la inestimable ayuda del comentarista, que nos ilustrará sobre lo que él al parecer ignora que ya estamos viendo. Es por eso que se esforzará en aclarar que "ha parado el portero ese balón que llevaba mucho peligro". La duda surge en torno a si intenta aleccionarnos sobre lo que es una parada, confirmar nuestras sospechas de que el jugador que vestía de forma distinta a sus compañeros es el portero, o compartir con nosotros su superior percepción sobre la característica del disparo. También enjuiciará las decisiónes arbitrales juzgando muy dudoso el fuera de juego señalado para pasar a afirmar sobre las imágenes ralentizadas que "es clara la posición antirreglamentaria del jugador". Osea, lo mismo que lo dicho en directo.

Retransmisión radiofónica: emoción asegurada Si por el contrario contamos únicamente con la narración radiofónica para saber lo que acontece en el encuentro, sufriremos las consecuencias de la actividad de unos locutores cuya máxima preocupación parece empeorar el estado de aquellos oyentes con deficiencias coronarias. Sus constantes oscilaciones en el énfasis con que se describe una jugada son mayor reflejo de la acción que la propia narración. Difícilmente es posible hacerse una imagen clara del desarrollo del partido a través de esta pese a la verborrea desplegada. En caso de intentar imaginar la acción, el oyente llegará a la conclusión de que el terreno de juego ha sido recortado en al menos tres cuartas parte de su longitud reglamentaria, a juzgar por la rapidez con que se suceden las elevaciones de voz del locutor.

Y finaliza el encuentro y es el momento en que las cañas se tornan lanzas. Todos los méritos atribuidos al rival en la previa ahora son escasos para haberse hecho merecedor al triunfo, a todas luces injusto, y cosechado "en las escasas dos ocasiones en que se han acercado a nuestra meta", mientras que a nuestro equipo "le ha faltado la fortuna de cara al gol". Por supuesto, sobre la labor arbitral "yo nunca opino, pero lo de esta tarde ha sido vergonzoso". Por mantener una línea coherente. A la hora de entrar a juzgar tal o cual decisión, resulta curiosa la posición del entrenador en el terreno de juego, que le impide ver con claridad la jugada dudosa en el área propia "desde el banquillo no se aprecia, pero mi jugador me asegura que no le tocó", y sin embargo es un emplazamiento de privilegio para observar el área contraria: "la falta es un metro dentro, se vio claro hasta desde el banquillo". Si el partido concluído lo es de una eliminatoria, no ha lugar para pensar en la vuelta, ya que "ahora nos tenemos que centrar en los tres puntos que nos jugamos el domingo", declaración de intenciones que no servirá en caso de no realizar un juego convincente en dicha fecha, ya que de lo contrario se acudirá al inevitable"jugaron con la mente puesta en el partido de vuelta del miércoles".

Una portada 'cualquiera' Y llegamos al último acto, la entrada en pista de los cronistas, que ilustran con su imaginativa pluma lo ocurrido en la jornada. Despliegue de color en las reseñas: los albiazules, los rojiblancos, los blaugranas, celestes, blancos, albivioletas, gualdinegros y demás tonos del arco iris. Conocimiento profundo de las denominaciones de origen: charros, chicharreros, canariones, pimentoneros, colchoneros, merengues, culés y periquitos. Y uso indiscriminado del gentilicio más abrupto: sestaotarras, ilerdenses, onubenses, ilicitanos y jiennenses. Pasada ya la época del gran titular a modo de superproducción hollywoodiense ("Zarpazo del Hércules en Lasesarre") son más del gusto actual los dramáticos e impactantes por lo escueto, que cruzan violentamente de un lado a otro de la página. "Aplastaron", "No pueden", "Increíble" o "Se salen". Prima la economía en las palabras en favor de la riqueza en imágenes y colores. Por aquello del dicho: si con mil palabras no llegamos...mejor nos quedamos en una. O dos. O tres, y para de contar.

En el periodismo deportivo, como en todo, aún hay categorías. Por eso resulta curioso leer los esfuerzos de los cronistas del fútbol modesto por demostrar que beben en fuentes de alta escuela literaria. En este sentido siempre me ha asombrado el uso indiscriminado de la figura "le hicieron un siete", que viene a ser igualmente válida con cualquier otro tanteo abultado. Se ha leído en más de una ocasión "El Huracán les hizo un "ocho"". O un nueve. Si nuestras madres ya mostraban suficiente desagrado por la aparición del característico desgarrón en la ropa producto de nuestros juegos, cómo no hubiera sido la cosa de ser el desgarrón de categoría numérica mayor. Afortunadamente el que esto escribe nunca llegó a casa con un ocho en los pantalones.

Volviendo a los "maestros" y a su particular libro de estilo, siempre he sido de la opinión de que las anteriormente mencionadas denominaciones de ciertos equipos no dejan de ser para estos una cruz que sobrellevar, a la luz del uso que de estas se realiza en las crónicas post- partido. En este sentido la palma se la lleva el Ath. Bilbao, que en caso de resultar superado por el rival sufrirá el habitual "Los leones hoy fueron cachorros". Y cuando se da el caso contrario, la imaginación del plumilla se desborda. Si ha asistido a un Bilbao-Español, pongamos por caso, quizás lleguemos a leer "Los leones se comieron a los periquitos". Aunque nunca lleguemos a verlo en un National Geografic.

Finalmente el fruto del trabajo descrito sale a la venta en forma de edición del lunes del diario correspondiente, que en caso de ser de información general vendrá rodeado de otros muchos contenidos de menor interés. El aficionado encontrará en ellos material para sus conversaciones matinales, argumentos para sus encendidos debates y datos suficientes para sus cálculos matemáticos sobre posibilidades en la liga. De esta forma el círculo se cierra y comenzará una nueva semana en la que el interés por el partido pasado irá cediendo terreno ante la espectación por el próximo. El proceso comienza de nuevo, y se repetirá a lo largo de la temporada, absorbiendo parte importante de nuestra existencia y centrando nuestra atención de manera difícilmente justificable si no fuera porque..."el fútbol es así".