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La Barra "Vamos Boys": La Tía Pochita

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Isaac Lastres   Walter Daga

La tía Pochita es "Señora Ley"
De "
El Comercio", Sábado Diciembre 4, 1999
 

LÍDER. Su aliento incondicional durante el partido, haga frío o calor, es una constante.
(Foto: Germán Falcón).

nriqueta Pavón es integrante de la barra Vamos Boys, la más antigua del Callao con casi cuarenta años. Con sus bailes es la hincha incondicional del equipo Chalaco.
Probablemente la aficionada más famosa en el medio local futbolístico -ha sido invitada a varios programas televisivos-sea la señora Enriqueta Pavón Zuloaga, más conocida como la tía Pochita.
Prima hermana de
David Zuloaga, jugador que campeonó con Sport Boys en el 84, esta Chalaca de pura cepa, de ocupación cocinera, con su gracia y carisma sigue al equipo porteño del Sport Boys por donde quiera que éste vaya.
 
Conocida por sus bailes y desparpajo, con el que se ha ganado el respeto y la admiración de todas las barras, al son de la orquesta la Nueva Solución en las tribunas del estadio Miguel Grau del Callao, esta morena es un auténtico espectáculo aparte.
 
El año pasado en el estadio victoriano fuimos testigos de cómo el Comando Sur completo coreaba su nombre, luego de que con sus bailes apaciguara los ánimos candentes en principio existentes.
 
"No sé si he tenido esa suerte. Gente de la "U", del Alianza me respetan. Me ven y me saludan. No tengo ni cómo pagarles. Conmigo son unos caballeros. Cuando me ven me piden que baile... yo los saludo con cariño y si puedo evitar un problema lo hago. Me los he ganado porque les he hablado con sinceridad. Ellos no entienden cómo una mujer como yo
puede dominar a toda esa gente. Dicen que soy la primera internacionalmente en dirigir una barra, que nunca se ha visto eso. Por eso me dicen que soy la número uno, la única". Y es que ella, al igual que el título de su canción favorita, con la que baila cada domingo, es
la "Señora Ley".
 
Corazón rosado
 
Nacida en Chacaritas hace 59 años (el 18 de noviembre fue su cumpleaños), donde reside, su vida es una constante devoción por la Rosada. Tanto es así que ha llegado a enfermarse cuando los resultados no han sido favorables. "Siempre he sido del Boys y le daría la vida al Boys con todo el orgullo porque es mi adoración. Antes -explica- de tanto fanatismo llegaba a enfermarme, pero después, a través de los años fui pensando que tengo que ver por mis hijos. Entonces tomé conciencia de que ser hincha es una cosa y el fanatismo es otra".
 
Con ese amor incondicional, no es de extrañar que la mayor decepción de esta Chalaca es que dos de sus cuatro hijos no sean del Sport Boys. "Uno es del Alianza y el otro del Cristal". Y es que recién ahora se explica por qué cuando los llevaba al estadio no hinchaban por la Rosada.
 
Proveniente de una familia "futbolera" (su padre, Emilio Pavón, jugó por Sporting Tabaco), siempre, incluso ya antes de nacer, "desde la barriga de mi madre", como ella dice, estuvo apegada a los estadios. "Cuando cumplí catorce años empecé a ir a la barra porque como Chalaca que soy le debo un respeto a mi equipo. No sé por qué aquí hay Chalacos que no son del Boys. Yo peleo hasta con mis hijos...", acota un tanto malgeniada.
 
Instantáneamente le brillan los ojos cuando le pedimos que nos explicara con palabras el sentimiento de un hincha Chalaco. "Ay, amigo, no tengo palabras. Yo quisiera que usted viera en mi corazón", dice poniéndose ambas manos en el pecho.
 
Y continúa emocionada: "El domingo es un día muy especial. Ojalá que mañana fuera sábado para volver otra vez al estadio porque para mí la semana es larga. Los sábados estoy alegre. Alisto mi ropa, hasta me olvido de cocinar para mis hijos... Yo he dejado a mis hijos sin comer por ver al Boys".
 
Y es que la pasión de Pochita por la rosada es tal que le ha hecho perder varios trabajos, no en vano manifiesta con orgullo que "el día que yo me muera quiero que mi cajón sea rosado y que me lleven los negros "rico merengo" porque yo soy rosada".
 
El Boys ante todo
 
Es consciente de que "una cocinera en un restaurante no puede fallar", pero no le ha importado. Ahora, antes de firmar un contrato, se permite el lujo de advertirle al dueño que "soy hincha del Boys y los fines de semana tengo que ir a alentarlo al estadio. Y si acepta las condiciones, firmo", señala.
 
Una condición que aceptan sin "chistar" sus patronos y que habla a las claras de la buena sazón que le pone a los platos la tía Pochita. Hace dos años diariamente cocinaba para los brasileños Marcelino, Morelato, Rogeiro, a quienes el club en La Punta les puso una casa. "Yo era su mamá Peruana porque les aconsejaba. Frejoles comían como cancha, todos los días les hacía un kilo de frejoles negros".
 
Haciendo un paréntesis aprovecha su gracia y espontaneidad, con la que nos ha embaucado desde el primer momento de la entrevista, para promocionarse: "A mí me buscan siempre para fiestas y compromisos en la cuadra 23 de Petit Thouars (Lince), restaurante el Vitoriano. Cuando usted quiera saborear el rico cebiche, los días viernes frejoles con cabrito y los tamalitos verdes, vaya a Ignacio Merino 2340. Ahí está la tía Pochita cocinando".
 
Entre las innumerables anécdotas detalla con mayor cariño la última fecha del año pasado en el Cusco, en donde estuvieron a punto de campeonar. "No teníamos carro para viajar, pero igual nos fuimos a la mala con cuatro chicos. Salimos a las once de la noche del día viernes escalando a Pisco, Nasca... y llegamos el día domingo a las tres de la tarde", explica con orgullo. "Me dolió tanto quedarnos afuera por ese empate, estuvimos a un paso...."
 
"Toda la vida he seguido al Boys. He estado en Cerro de Pasco muriéndome de frío, lloviendo, pero ahí he estado ¡Ése es el hincha! Porque parece mentira, el hincha es un jugador más, le aporta alegría al equipo".
 
La tía Pochita asegura que "la salsa y el fútbol van de la mano", formando un vínculo indisoluble para la gente chalaca. "Dios le ha dado al Boys el don de llevar la música al estadio. La salsa vive en nuestro corazón. Nosotros hacemos los goles con la música brava y por eso yo siempre estoy bailando. Los mismos jugadores me dicen que sin la música están tristes", explica Pochita.
 
Y agrega: "Ellos (los jugadores) son mis amigos. Converso con ellos, me adoran, me respetan. Yo siempre les aconsejo y les grito: ¡Fuerza Boys, fuerza! No me muevo hasta el último. Ahora después del partido me reúno con ellos en el club y me abrazan, me besan".
 
La mística chalaca
 
La tía Pochita no tiene dudas de que la mística y el temperamento característico de los chalacos tienen su fundamento principalmente en la educación humilde que reciben desde chicos y que actúa como revulsivo para salir adelante. "Son jugadores del pueblo que quieren surgir, por eso para romperse bien los lomos y sudar la camiseta tienen que ser Chalacos. La prueba de ello es que al Boys todos los años lo desmantelan porque somos semilleros. El chalaco es muy diferente a los jugadores del Cristal y la "U"; tiene fuerza, corazón, alegría y humildad".
 
Con esa misma humildad de la que habla esta chalaca, separada de su esposo hace dieciocho años, se las ha ingeniado para sacar adelante a sus cuatro hijos. "Yo he sido padre y madre a la vez. Les he dado una profesión y educación", manifiesta finalmente con orgullo. Momento en que nos percatamos de que ya el frío cemento de las tribunas vacías del estadio del Callao es nuestro único acompañante.
 
 
JESÚS MANUEL VILLASANTE

 

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