Lima, lunes 30 de agosto de 1999

Especial
«Nunca volví a sentir
una alegría así»
Teófilo Cubillas se confesó en la revista «Mística» del diario Olé de Argentina. Habla de la hazaña de La Bombonera ocurrida hace 30 años. La nota la reproducimos a continuación

Principal   Clasificación a México 70: Ojo   Chumpitaz Recuerda 1969

Principal

Agradecimientos

Historia

Fundación: 1927

Primer Campeonato:1935

Juegos Olímpicos de Berlín 1936

Invictos Otra Vez: 1937

Título Inesperado: 1942

Primer Campeón Profesional: 1951

Georgiades y Calderón en 1958

Los 60 y 70:
Isaac Lastres y la Barra Vamos Boys
Walter Daga
El SubCampeonato de 1976
Mariano Loo

"Cachito" Ramírez
Fotos de Cachito
La Clasificación al Mundial 1970
El Bocón
Cambio
Ojo
Cubillas Recuerda
Chumpitaz Recuerda

Con el Oso, un Chacal y el Pato en el '84

La Campaña del Retorno: 1989

Subcampeonato en 1990

Himno

Conexiones

Campeones Peruanos

El Boys en la
Copa Libertadores
de América

Descentralizado 1998
Apertura 1998
Tabla de Posiciones Final del Apertura 1998

Clausura 1998
Los 6 del Callao y Lima
Los 6 de Provincias

Tabla de Posiciones Final Clausura 1998

La Lista Electrónica del Sport Boys

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Escribe: Juan Tejedor

Quizá haya sido la mejor selección peruana de todos los tiempos la que, comandada por Teófilo Cubillas, entonces un chiquilín de 20 años, eliminó a Argentina del Mundial de México.
«El fútbol es nada más que un juego apasionante y nunca va a ser una profesión», afirmaba ya Teófilo cuando le decían el «Nene» y era un negrito flaco y de sonrisa amplia y blanca que deslumbraba al mundo desde Alianza Lima y la selección de Perú. Y lo repite ahora que es empresario y periodista, empieza a perder el pelo y mantiene cierta frescura juvenil en el rostro. «Ese era el sentir de la selección peruana que integré entre el 69 y el 82. Jugábamos para divertirnos y estábamos agradecidos por, encima, ganar dinero», recuerda. Y asegura: «Todas las personas que se tomaron este deporte como una obligación, no han podido mantener una vida paralela. La resignaron».
Teófilo Cubillas describe así, desde su ajetreo actual, el espíritu lúdico de aquel equipo que representó la época más brillante del fútbol peruano.

Un período que se inició con las eliminatorias para México 70, coincidiendo con uno de los peores momentos del fútbol argentino. El 2 a 2 del 31 de agosto de 1969 fue, a la vez que una frustración histórica para los argentinos, la gloria de ganar por primera vez una eliminatoria para los peruanos.

«Recuerdo que necesitábamos el empate. Ganábamos 2 a 1, pero nos hicieron un gol casi en el final y se nos vinieron encima. Los últimos minutos fueron duros. Ese estadio daba miedo y los jugadores de Argentina se habían convertido en leones». Sus recuerdos lo apasionan. Suena el celular y lo apaga, con ansiedad, para poder seguir con el relato.
«Futbolísticamente éramos más, pero la camiseta argentina se parecía a un uniforme de guerra. No estábamos jugando contra once jugadores. Nos estaba metiendo en nuestro propio arco

la historia herida del fútbol argentino», dice, y se queda en el recuerdo estático de esos dos minutos de descuento en los que Argentina pareció revivir.
Teófilo pasó su infancia escuchando que Perú estaba a punto de despegar, pero nunca lo hacía. «No sólo en el fútbol. En todo sentido, Perú estuvo toda mi vida a punto de despegar y nunca lo logró». Pero el fútbol fue, durante aquel ciclo, un aspecto sobresaliente que llevó a la bandera rojiblanca a hacerse conocida en todo el mundo. El, abanderado de aquella selección de la banda roja, hacía tres años que había debutado en Primera, tenía sólo 20 y ya lo habían bautizado «el Diamante Negro peruano» -comparándolo con el brasileño Leónidas- y lo consideraban el sucesor de Pelé.«El más joven del equipo era yo», relata.

«Chumpitaz también era un muchachito, pero él tenía más personalidad y parecía que llevaba diez años jugando en la selección. El y yo fuimos los encargados de continuar con la mística iniciada por esa generación que se extinguía, pero que nos dejaba muchas enseñanzas: el legado de Julio Baylón, del Babi Cruzado, de Pacho Risco y de Perico León, entre otros, fue la semilla de lo que cosechamos en la década siguiente».
El asistente ya no le pasa las llamadas. Teófilo le ordenó que no lo hiciera. Quiere hablar de fútbol. Pide disculpas con una sonrisa, a la que es casi imposible no responder con otra y explica que sus dos trabajos lo mantienen permanentemente ocupado y requerido. Es director de una cadena de escuelas de fútbol en Fort Lauderdale, en donde reside, cerca de Miami.

Además es columnista del diario El Sol de Lima. Su título de licenciado en ciencias económicas y la actividad política -fue concejal limeño a principios de los 90-, por ahora quedaron marginadas. «Si no -se excusa-, no me alcanzaría el tiempo para vivir».
Aquel partido en la cancha de Boca, del 31 de agosto del 69, no deja de entusiasmarlo. No quiere olvidar ningún detalle. «Los jugadores más grandes me explicaban que ése era un partido clave para el fútbol peruano, algo de lo que recién tomé conciencia con los años. Era la prueba de fuego: dejar de ser promesa y convertirse en realidad. Parecido a lo que le viene ocurriendo a Colombia hoy, aunque me parece que ellos están logrando una continuidad que nosotros no pudimos conseguir. Mi inconsciencia, a los 20 años, quizá me mantuvo libre de presiones. Lo que nunca pude evadir fue la imagen de ese estadio abarrotado».

El equipo argentino dirigido por Adolfo Pedernera, que había sido designado especialmente para las eliminatorias por el interventor de la AFA, había perdido con Bolivia en La Paz 3 a 1 y con Perú en Lima 1 a 0, y sólo una mísera victoria en Buenos Aires sobre los bolivianos, jugando también muy mal, sostuvo las esperanzas. Los hinchas igual llenaron la cancha de Boca sabiendo que estaban aportando un valioso respaldo que podía ser fundamental para que el equipo ganara.

Un triunfo determinaría el triple empate en la zona -los tres equipos venían ganando todos sus partidos como locales- y una nueva ronda de partidos para desempatar.
«Gallardo no pudo jugar por una lesión -relata Teófilo- y su lugar en la delantera fue ocupado por Oswaldo Cachito Ramírez, el número 22.

Cachito se tenía una fe tremenda. Más que la que le teníamos nosotros. La ausencia de Gallardo nos preocupaba. Pero Ramírez se consagró con dos escapadas a las marcas de Perfumo y Albrecht, los centrales que eran lo mejor del equipo argentino, y dos golazos». Fija la vista en la nada y relata el partido como si lo estuviera viendo. «Estuvimos tranquilos, controlando el juego casi de principio a fin. El primer tiempo había terminado 0 a 0. Cachito hizo el primero, nos empataron y cuando faltaban ocho minutos para el final, hizo el segundo. No había manera de que se nos escapara; ya estábamos en México. Nos relajamos todos menos Didí, que no paraba de gritar que mantuviéramos la concentración. Y tenía razón: en el minuto final Rendo gambeteó a toda la defensa y nos hizo un golazo. Ese fue el momento en que bajó un rugido desde las gradas de la Bombonera. Fueron apenas dos o tres minutos, pero bastaron para pagar la clasificación con sudor. Y sudor frío. En tiempo de descuento, Rendo hizo otra jugada igual y no nos dejó afuera de casualidad. Pero a los argentinos no les alcanzó el tiempo».

Cubillas anotó un gol en contra de Escocia en el Mundial Argentina 78 que todavía da pesadillas a los aficionados Escoceses.

Después de un silencio largo, se pasa la mano por la cabeza que empieza a despoblarse de motas y sentencia: «En ningún otro pasaje de mi carrera volví a sentir una alegría así. Era joven e inconsciente de lo que estaba pasando, de la historia que estábamos escribiendo, pero gozaba con la chance de jugar el Mundial de México y de haber pasado esa prueba tan difícil que es soportar la presión de una multitud hostil».

Sonríe para sacudir la melancolía por lo que fue. Siempre sonríe, Teófilo. Parece que quisiera cubrir, con el brillo de sus dientes, los huecos de un presente cuya escasez se ve acentuada por la comparación con un pasado abundante.



El gol que no alcanzó
Argentinos recuerdan con rabia empate peruano en el estadio de Boca

Escribe: Alejandro López, diario Olé.

«Aquél no era el mejor equipo que Argentina podría haber formado. Quedaron muchos jugadores importantes afuera». Hoy, Alberto Rendo todavía se lamenta cuando recuerda la etapa de clasificación para el Mundial de México de 1970.
«Yo era el jugador número 23. Es decir, sólo jugaría en caso de que otro se lesionara». La lista no fue cuestionada por la prensa, pero, según Toscano Rendo, «faltaban el Toti Veglio, el Lobo Fischer, la Bruja Verón, Pedro González y algunos más. Un montón de jugadores que en esa época eran muy buenos».

La mención tiene asidero: el mismo Rendo, Veglio, Fischer y González eran figuras de «los matadores» de San Lorenzo, brillantes campeones en 1968.

El 3 de agosto, Argentina vuelve a sufrir. Esta vez ante Perú en Lima por 1 a 0. En ese partido se lesiona Antonio Rattin, por lo que Rendo, como le anticipara Pedernera, pasa a integrar el plantel para las revanchas que se jugarían en la Bombonera. «El grupo estaba unido y esperanzado para esos dos partidos, en los que debíamos cambiar la historia -recuerda Rendo-. Sabíamos que Perú tenía un muy buen equipo, pero se le podía ganar». En el primer partido de vuelta, el 24 de agosto, Argentina (todavía sin Rendo en la cancha) le ganó 1 a 0 a Bolivia demostrando escaso poder ofensivo.

Tal vez el que le hubieran aportado los jugadores ausentes a los que Toscano hacía referencia: «El triunfo fue importante en lo anímico, pero todos sabíamos que se estaba jugando mal».
El 31 de agosto, la única chance de ir al Mundial dependía de ganarle a Perú y, así, igualados en puntos los tres equipos, disputar en Paraguay un desempate de la serie. Argentina salió con Cejas; Gallo, Perfumo, Albrecht, Marzolini; Rulli, Pachamé, Brindisi; Marcos, Yazalde y Tarabini. Rendo entró por Rulli cuando Perú ganaba 2 a 1, metió un golazo al final y, ya sobre la hora, un gol de Brindisi fue anulado por foul al arquero Rubiños.
El 2 a 2 enmudeció a la Bombonera... «Para mí también fue una gran desilusión porque me había perdido los dos mundiales anteriores; y para el fútbol argentino, un enorme fracaso», recuerda Rendo.
Quedó la eterna duda: ¿qué habría hecho Argentina en caso de haber jugado ese mundial en el que brilló Brasil? Rendo se muestra realista: «Si no fuimos a México, fue porque no estábamos capacitados para hacer un buen papel. Pero reitero, ese equipo que Pedernera puso en la cancha no representaba, bajo ningún punto de vista, la riqueza de talento de la que gozaba el fútbol argentino en esa época. Porque en el '64, con otros jugadores, Argentina le había ganado a selecciones importantes y hasta a Brasil, con Pelé y compañía, en la Copa de las Naciones». Todo muy lindo... pero otra vez había que esperar cuatro años.


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