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EL BRUJO


A comienzos de 1968 un muchacho de 17 anos entraba por primera vez en los locales de la Secretaria del Real Oviedo, en la calle de Santa Cruz de la capital asturiana. Era, en la jerga futbolística, una promesa, un jugador joven cuyo fichaje interesaba al club ovetense.
Volvería mas veces, en el transcurso de unas largas conversaciones, pero no llegaría a un acuerdo.
Se llamaba Enrique Castro González y le conocían por Quini, como a su padre, que había jugado de portero en equipos modestos de Oviedo.

Dibujo de Pablo García - Propiedad de Ramiro Fernández

Trece años después Quini recuerda por que no se convirtió entonces en jugador oviedista. "No fue cuestión de dinero. Yo ponía la condición de que, si el Oviedo me fichaba, era para ir a la plantilla del primer equipo, pero ellos querían cederme al Vetusta, que estaba entonces en Tercera División. Yo ya jugaba en Tercera con el Ensidesa y pense que en esas condiciones no merecía la pena cambiar".

Hoy pueden hacerse toda clase de especulaciones sobre lo que hubiera ocurrido de haber sido más perspicaz el Oviedo o menos ambicioso Quini. En cualquier caso, no parece exagerado aventurar que la historia del fútbol asturiano de los años setenta hubiera sido probablemente bastante distinta de lo que en realidad fue.Porque aquel prometedor juvenil, que incluso ya había sido internacional en dos ocasiones, habría de convertirse a no tardar mucho en el mejor futbolista asturiano de su generación, y, estadísticamente hablando, en el más destacado representante del fútbol asturiano en toda su historia. Y el Sporting tuvo la fortuna de poder contar con él.

Quini nació en Oviedo el 23 de septiembre de 1949.

Siendo un niño su familia se traslado a Avilés, porque el padre trabajaba en Ensidesa (actualmente CSI). En el poblado siderúrgico de Llaranes comenzó a jugar al fútbol. Destaco muy pronto como goleador. Del Salesianos Infantil paso al Bosco Ensidesa y, en la temporada 1967-68, al primer equipo del Ensidesa que jugaba entonces en Tercera División.

Fue durante esta temporada, en cuyo transcurso se produjeron las negociaciones frustradas con el Oviedo, cuando Quini paso la mayor crisis de identidad de su vida futbolística. Él, que había llegado a marcar hasta siete goles en un solo partido de juveniles, vio como la portería se le cerraba de pronto. En el libro "Compañero Quini", publicado en 1977 por su entonces coequipier José Manuel, Quini cuenta que al final de la temporada estaba tan desmoralizado que pensó en dejar el fútbol con tan firme determinación que solo la insistencia de su madre en que continuara logró disuadirle.

En la temporada siguiente, la 68-69, todo cambiaría. El nuevo entrenador del Ensidesa, José Luis Molinuevo, le cambio desde el puesto extremo izquierda, que venia ocupando, al de interior derecho y pronto volvió a ser el goleador que había sido. Antes de que acabase la primera vuelta de la Liga el Sporting, que había firmado un convenio de colaboración con el Ensidesa, le reclamo, a raíz de un partido Deportivo Gijón - Ensidesa (1-6), en el que Quini marco cuatro goles al filial sportinguista.

El 09 de diciembre Quini firmaba por el Sporting.

Carriega, el entrenador, le alineo por primera vez en Sevilla, contra el Betis, con el numero 8 a la espalda. Era el 22 de diciembre de 1968. El Sporting perdió 1-O.
Al domingo siguiente, en el Molinón, Quini marcaba su primer gol rojiblanco, frente al Ferrol. Al cabo del tiempo no recuerda con precisión la jugada. "Sé que fue con el pie y en la portería del marcador. Pero no me acuerdo de mas detalles, ni del nombre del portero del Ferrol. El campo estaba con mucho barro y el Sporting hizo un buen partido. Merecimos ganar, pero solo empatamos a uno "desde entonces Quini seria titular indiscutido. Tenia 19 años.

Su hermano, Castro, con 17 era también titular, como portero. La entrada de Quini en el equipo marcó prácticamente el punto de inflexión en la trayectoria del Sporting en aquella Liga. Y precisamente una lesión sufrida por Quini en el último tramo de la competición (frente al Rayo Vallecano, en Gijón) una de las escasísimas lesiones que sufriría durante su trayectória como jugador rojiblanco resultó decisiva para truncar las aspiraciones de ascenso del equipo gijonés.

Con 16 goles marcados en menos de media temporada Quini se había convertido ya en imprescindible. Pronto sería considerado, además, insustituible.

LA ERA QUINI

Cuando en la temporada siguiente el Sporting ganó brillantemente el ascenso a la Primera División, Quini era ya el jugador más descollante de un equipo cuyo principal distintivo era la eficacia de su juego de ataque. Con 24 de goles logró el liderazgo de los goleadores de Segunda División el "Pichichi", según la nomenclatura inventada por "Marca" para sus trofeos, y comenzó a ser alguien a escala nacional, a lo que contribuyó también de forma importante su participación decisiva en el éxito de la selección española amateur, que se proclamó campeona de Europa en Italia. Máximo goleador del torneo jugado en Forte dei Marmi, Quini particularizó especialmente su éxito en el partido contra el equipo italiano, en el que consiguió cuatro goles.

La selección amateur española, dirigida entonces por Santamaría, mostraba un fuerte predominio sportinguista (Quini, Castro, José Manuel, Herrero II), lo que implicaba el reconocimiento de la confluencia de dos importantes cualidades en la plantilla del equipo gijonés: la calidad y la juventud.

Para no pocos aficionados, el Sporting que logró el ascenso a Primera División tenía ciertamente en potencia las cualidades de un equipo de época. Pero las esperanzas tardarían bastante en confirmarse y aun para ello seguirían un camino tan tortuoso que incluso llegaría a desvanecer las ilusiones del comienzo.

En efecto, sobre la base de la plantilla del ascenso, el Sporting logró algo hasta entonces inédito en la historia del club, permanecer seis temporadas consecutivas en Primera División, pero a costa de numerosos sobresaltos y de eludir en más de una ocasión el descenso en el último partido. Y fue preciso que el equipo retornase a la Segunda División para que volviese inmediatamente a Primera transfigurado en un verdadero "grande" del fútbol español, capaz de hacerse un sitio en las competiciones europeas y, aún más, presentar una firme opción a los títulos de campeón de Liga y Copa.

Del equipo que con Carriega logró el ascenso a Primera al que con Miera, primero, y Novoa, después, se situó en los puestos de honor del fútbol español, quedaban pocos jugadores: los hermanos Castro y, parcialmente, porque no llegaron a jugar las tres temporadas, José Manuel y Valdés. Pero ahora, como antes. quien encarnaba lo mejor del equipo, quien le daba una definición sobre el campo, quien asumía el papel de "estrella", era Quini.

Ya nadie dudaba que si algo de época había habido en el Sporting de los setenta era él. Y los que menos lo dudaban eran los clubs económicamente fuertes del fútbol español, que comenzaron a insistir, cada vez con más fuerza, en conseguir su traspaso.

Si las pretensiones de estos clubs pudieron hacer que el Sporting se quedara sin Quini, el peligro más claro vino, sin embargo, de un accidente sufrido por el jugador con la selección nacional. Fue en el partido que el equipo español jugó en Hull contra Irlanda del Norte correspondiente a la Eurocopa. La grave situación del Ulster hizo que las autoridades irlandesas trasladasen el partido a la pequeña ciudad inglesa de Hull, en cuyo estadio de Boothferry Park se jugó el partido en la tarde del 16 de marzo de 1972. A mediados del primer tiempo Quini cayó gravemente lesionado. "Fue una jugada de ataque nuestra, con centro de Rojo I desde la izquierda. Yo estaba en la bombilla del área y salté para cabecear. No era una jugada de peligro, pero el jugador irlandés que estaba conmigo, dándome la espalda, echó hacia atrás el codo en el momento en el que yo despegaba del suelo y me dio en la cara con una fuerza tremenda. Fue un golpe intencionado, estoy seguro. Caí fulminado al suelo y noté que se me había hundido el pómulo izquierdo, hasta el punto de que si quería abrir el ojo tenía que subir el párpado con el dedo. El árbitro no pitó falta y el jugador irlandés ni siquiera se inclinó para ver lo que me había pasado".

La lesión, "rotura del pómulo izquierdo" según el diagnóstico médico, era muy grave y deparó a Quini un drama de doble alcance. Primero fueron los sufrimientos del viaje desde Inglaterra a España y el duro postoperatorio que siguió a la intervención quirúrgica realizada por el doctor Víctor Manuel de Sada. Después vino la lenta y difícil recuperación de la normalidad. Aunque Quini pudo todavía jugar algunos partidos al final de la temporada, las secuelas psicológicas de la lesión todavía afectarían seriamente a su rendimiento durante la temporada siguiente, la 72-73, en la que sólo marcó 11 goles en la Liga, uno más que en el truncado ejercicio anterior.

Para muchos la prometedora carrera de Quini había entrado en un definitivo declive. No se puede ser un hombre de área y menos un cabeceador si se tiene un miedo instintivo a recibir un golpe en la cara. Pero el miedo era también superable y el tiempo acabó borrándolo.

La temporada 73-74 devolvió a un Quini completamente recuperado, hasta el punto de que, por primera vez, consiguió el "Pichichi" de Primera División, con 20 goles, y recuperó su puesto en la selección nacional.

LA RETENCION

Sus dos últimos goles en la Liga 73-74, los que le permitieron proclamarse máximo goleador los consiguió Quini ante el Real Madrid en el último partido de la competición y gracias a ellos el Sporting consiguió evitar el descenso. La paradoja de que uno de los equipos más débiles de Primera División tuviera en su plantilla al mejor goleador produjo el efecto inevitable de que Quini se convirtiera en el objetivo preferente de los equipos poderosos. Pero el Sporting, presidido entonces por Méndez Cuervo, levantó frente a esas pretensiones la muralla legal del derecho de retención. Quini, a pesar suyo, tuvo que quedarse.

"El derecho de retención es injusto", sigue opinando hoy.

La temporada 74-75 fue gris para Quini en el Sporting. En cambio, en la selección logró quizá su mejor éxito, al marcar los goles que dieron el triunfo a España en Glasgow sobre Escocia.

En la temporada siguiente el éxito personal de Quini, de nuevo máximo goleador de Primera División, con 21 goles, llegó acompañado de un fracaso absoluto del Sporting, que descendió a Segunda División.

El descenso parecía decretar definitivamente el fin de las esperanzas que se habían depositado seis temporadas antes. Del "equipo de época" de entonces quedaba, cuando menos, la calidad contrastada de los internacionales. La Directiva del Sporting, presidida entonces por Angel Viejo Feliú, sometió a una asamblea de compromisarios el traspaso de Churruca al Athletic de Bilbao y obtuvo la aprobación. Sobre Quini, pretendido por el Barcelona, no hubo consulta. Días más tarde el Sporting y Quini firmaban conjuntamente una nota en la que comunicaban que club y jugador habían llegado a un acuerdo que colmaba las aspiraciones de ambas partes. Según la nota, el Sporting realizaba un esfuerzo excepcional para ofrecer a Quini unas condiciones económicas que no solamente igualaban, sino que superaban las ofertadas por cualquier otro club.

Años después Quini comentaría que el triunfalismo de la nota no se ajustaba a la realidad. "Sigo pensando que entonces no se portaron bien conmigo. No pusieron mi caso a consulta de los socios ni me dieron lo que yo quería." Pero su caso pareció zanjado para siempre. Con un nuevo contrato por cuatro años Quini ya no iba a moverse más del Sporting. O eso se pensaba al menos.
El paso por Segunda División fue rápido. El Sporting, entrenado ahora por Miera, logró el ascenso. Quini fue el máximo goleador del equipo (como siempre, desde que llegó a él) y también de la División, con 29 goles. El ascenso fue un éxito previsible, pero nadie pensaba que era el prólogo de algo mucho mejor, porque en la temporada del retorno a Primera el Sporting mejoraba todas las clasificaciones de su historia y, además de llegar a las semifinales de la Copa, lograba en la Liga un quinto puesto que le daba derecho por primera vez a intervenir en una competición europea, la Copa de la UEFA. Aún sería mejor el subcampeonato de la temporada 78-79; y en la temporada 79-80 obtiene el tercer puesto en la Liga. Esto, confirma al Sporting como uno de los grandes indiscutibles del fútbol español español de la época.

De la contribución de Quini a los éxitos más importantes de la historia del club hablan una vez más los números, ya que, por tercera vez, se ha proclamado máximo goleador de Primera División.

Pero quizá nada hable tan elocuentemente de la cotización profesional de Quini como el hecho de que, cuando estaba a punto de cumplir los treinta y un años, el F.C.Barcelona se aviniera a pagar al contado ochenta millones por conseguir, al fin, su traspaso. "Es una operación que no tiene precedentes en la historia del fútbol mundial" comentaría Vega-Arango, el presidente sportinguista, que afrontó la responsabilidad de aceptar el traspaso, que incluía condiciones muy favorables para el jugador: tres años de contrato, a razón de doce millones por temporada, sueldos y primas aparte.

El 09 de junio de 1980, el Sporting, el Barcelona y Quini llegan al acuerdo definitivo. Por encima de cualquier consideración favorable y hostil, los aficionados recibieron la noticia con un unánime convencimiento: una era del Sporting acababa de terminar. Y precisamente, la que había proporcionado mayores éxitos al club.

DE AYER A HOY

Aproximadamente un mes antes de que se produjeran estos acontecimientos, una tarde de mayo de 1980, frente a la playa de San Lorenzo, Quini se avenía a entrar en el juego de las comparaciones y hablaba de las frustradas esperanzas del Sporting que conoció a su llegada y de la sorprendente plenitud de las últimas temporadas. "es cierto que a aquel equipo de hace diez años le faltaba ambición", dice, "Eramos capaces de lo mejor, pero nos faltaba algo. Nos metían un gol y era como si nos enterrasen".

¿Por qué un equipo sin mentalidad de superación, relativamente fuerte en su terreno, pero incapaz de dar su talla fuera de casa, cambió de pronto hasta convertirse en uno de los grandes?. "Yo creo que influyeron varios factores, desde la gente nueva que entró en el equipo hasta los entrenadores que supieron aprovecharla. Y, muy especialmente, la llegada de la directiva de Vega-Arango.

Fue la que nos cambió la mentalidad. Es una directiva que sabe llevar muy bien a los jugadores y que ha conseguido que nunca hubiera problemas con nosotros. Han sabido además, mejorar la imagen del club. Ya no somos unos "probinos", sino un equipo al que se respeta en todas partes. Y eso se nota."

Pero sobre todo, decía Quini, hay algo más. "Para mí es fundamental el ambiente que reina en la plantilla. Estoy seguro que en ningún equipo de España la gente se lleva tan bien como aquí. No hay problemas con nadie y los que llegan nuevos se integran enseguida. Esa es una de las claves que explican que estemos por encima de nuestras verdaderas posibilidades. Porque tenemos que ser realistas y reconocer que hay clubs mucho más fuertes económicamente que nosotros y que en circunstancias normales deben superarnos.

Lo de los últimos años del Sporting no es normal."

Pero es magnífico. "Ah, sí, desde luego. Estos tres últimos años han sido sensacionales. Ha sido muy agradable estar en el Sporting. Muy agradable. Hasta el punto de compensar decepciones anteriores. Yo, personalmente, estoy entusiasmado. Me salen bien las cosas, precisamente porque estoy muy contento. Es como si empezase a jugar de nuevo."

EL SPORTING DE QUINI

Y desde esa satisfacción personal Quini se replegaba inmediatamente a la dimensión de su importancia en el equipo. No hay para él un Sporting de Quini. "Soy uno más. Llevo muchos años aquí, me salieron bien las cosas y metí muchos goles. Pero no me creo nada. Cuando dentro de unos años hablen de este Sporting, hablarán de mí, pero también de los otros compañeros. Las cosas las hacemos entre todos."

Pero eso no es exactamente cierto. Nadie podrá separar ya al Sporting de los setenta de la impronta de Quini. En los últimos años la popularidad del capitán sportinguista a escala nacional adquirió una consistencia extraordinaria y le llegaron premios y distinciones que, como suele ocurrir, eran un reconocimiento tardío de la estimación que antes mostró el público.

Quini es hoy uno de los futbolistas más respetados y queridos de España, además de uno de los más admirados, y esta corriente afectiva sería inexplicable si no se la relacionase con las cualidades humanas, que se añaden a las deportivas.

Rindió como una estrella y se comportó como un anti-divo. Era capaz, durante un partido, de pedir perdón públicamente a un espectador con el que se incomodó momentos antes, defiendió a sus compañeros de equipo, especialmente a los modestos y a los nuevos y no humilló jamás a los contrarios.

Los que le conocen de cerca saben, además, que fue uno de esos escasos ídolos de multitudes que resisten sin resquebrajarse la indiscreción del primer plano.

Es locuaz, extrovertido, amigo de las bromas, enamorado de los niños, que lo veian como un Dios joven y accesible, y cuyo asedio soportó siempre con una sonrisa o una palabra cariñosa. Una persona normal, dice él, que ha tenido la suerte de meter muchos goles.

EL PEOR MOMENTO - EL SECUESTRO


Con barba de 25 días y delgado como nunca, Enrique Castro, Quini, cerró con un abrazo al presidente del Barcelona, Josep Lluís Núñez, y a su esposa, Mari Nieves, el largo episodio que mantuvo en vilo a todo el país en marzo de 1981.

El secuestro del entonces delantero azulgrana fue perpetrado por tres electricistas que intentaban escapar de sus penurias económicas y que pidieron 100 millones de pesetas por el rescate. Quini perdonó posteriormente a sus captores y renunció a la indemnización que debían pagarle. El fiscal pidió 21 años de prisión para cada uno de los implicados y, finalmente, tan sólo fueron condenados a diez.

Durante las tres semanas y media que duró su cautiverio, Quini fue obligado a permanecer en el sótano de un taller de Zaragoza. La acción empezó cuando el jugador asturiano se fue desde el Camp Nou, tras un partido contra el Hércules, a su domicilio para cambiarse de ropa con la intención de dirigirse a continuación al aeropuerto de El Prat de Llobregat para recoger a su mujer, que volvía de un viaje.

Las conversaciones con sus secuestradores para lograr su liberación se llevaron a través de los también barcelonistas Alexanco y Olmo. Finalmente, el 25 de marzo, la policía consiguió liberar a Quini y detener a quienes le retenían.

El Barcelona iba el segundo en la Liga cuando Quini fue hecho cautivo y durante su ausencia ninguno de sus compañeros vistió la camiseta con su número, el 9. Ramírez fue su sustituto ante el Atlético de Madrid, el primer rival contra el que jugó sin él. Los rojiblancos eran los líderes, aunque el campeonato acabó ganándolo la Real Sociedad.

LOS GOLES DE QUINI


¿Cuántos goles? Asegura que nunca sé a preocupado de contabilizarlos. Si algún día alguien hace la cuenta se encontrará probablemente conque no esté lejos de esa mítica cantidad de mil, que distingue a los delanteros excepcionales.

Entre tantos goles no hay ninguno que haya sido el mejor para su autor. La memoria, más que ayudarle a seleccionar, le confunde en este caso y, puesto en la tesitura, Quini se pronuncia por alguno. "Fue bueno el que le marqué al Valencia en el Molinón, pero mejor el de Vallecas al Rayo Vallecano. Aunque quizá el de más mérito fuera el que metí en la temporada 78-79 al Zaragoza, porque era muy difícil recibir el balón con la cabeza, en la postura en que estaba, y cambiarlo hacia el otro palo."

Pero lo que él no recuerda está ya en la memoria colectiva de la afición. Aquel gol al Español, en la temporada de su primer ascenso, corriendo en diagonal desde el centro del campo con todos los contrarios a sus talones, en el último minuto del partido, para rematar con una implacable frialdad raso y junto al palo, mientras Bertoméu intentaba salir. 1O años después, también contra el Español, aquella bolea tremenda desde el borde del área empalmando a la carrera y por el aire un pase de cuarenta metros de Valdés. O el cabezazo desde el borde del área, también a pase de Valdés, que colocó la pelota en globo sobre la cabeza de Antonio, portero del Salamanca. O aquel desvío increíble, tras una gran jugada de Churruca, contra la Real Sociedad. Y frente al Betis, el 1-2 a la carrera sobre el centro largo de Mesa, dejando atrás la salida de Esnaola antes de colocar suavemente el balón en el ángulo contrario. Y tantos otros más, de todas las marcas: goles oportunistas de descuidero del área, que aprovechó un rebote favorable; empalmes a bote pronto que no dejan opción al portero; goles de astucia, en los que lo importante es saber aguantar esa décima de segundo que desborda al defensa y paraliza al meta; goles de habilidad y sangre fría, eludiendo la salida del portero con un toque suave y preciso; goles de lujo, forzando la jugada individual; y goles de cabeza, muchos goles de cabeza: adelantándose al primer palo, esperando el balón al segundo, luchando por arriba con el defensa o aguantándolo en el suelo para saltar en el último instante, entrando desde atrás, lanzándose en plancha, picando el balón hacia el suelo o metiendo la frente con fuerza.

No hay mayor tópico que el que proclama que el gol es la verdad del fútbol, pero también es cierto que no hay tópico más verdadero. Un buen goleador no puede ser, nunca, un mal futbolista. Y Quini, del que nadie podrá decir que ha sido un goleador de fortuna, confirma esta regla sin ser la excepción. Era un maestro en el área y resulta significativo que, al contrario que a otros jugadores, cuyos apodos y sobrenombres tienen su origen en el ingenio de la Prensa o de la afición, hayan sido sus propios compañeros de profesión y equipo los que le hayan conferido el apodo de "El Brujo" para dejar constancia admirativa de su habilidad e imaginación frente a la portería. Pero en el medio campo no es, ni mucho menos, un jugador vulgar, pues fue de la casta de jugadores de clase que supo levantar la cabeza y ver el juego y luego supo realizarlo en largo o en corto, pues tuvo un repertorio técnico de sólida consistencia. Quini podría ser un director de juego imaginativo y capaz. Fue de esos jugadores de los que se dice que podría jugar en cualquier puesto. Y es conocido, por otra parte, que no se le dio nada mal el puesto de portero.

Quini rechazaba los temores de que era único. "Si yo no estoy, otro ocupará mi lugar. Nadie es insustituible. Recuerdo que cuando yo estaba lesionado, después de lo de Hull, hubo un partido de Copa contra el Rayo Vallecano en el que Fanjul metió cuatro goles. Yo estaba viendo el partido y un espectador que no estaba muy lejos de mí comentó en un momento determinado que Quini ya no hacía falta. Tomé nota de aquello. El fútbol es así".

Ya se ha ido. Y, al hacerlo, ha entrado definitivamente en la historia del Sporting. Y será en la memoria de los hinchas que vayan envejeciendo un mito que los más apasionados evocarán con esa arrogante actitud de quienes confieren a los grandes recuerdos el carácter de privilegio excluyente.

Quini se retiró oficialmente el 21 de Agosto de 1987, en un encuentro homenaje celebrado en "El Molinón", contra el Real Madrid. Quini jugó los primeros 45 minutos.

Hoy es delegado y relaciones públicas en el Sporting.

Extraido del libro "El libro del Sporting"
Editado por Silverio Cañada, con motivo del 75 aniversario del club.

MOMENTOS DE QUINI


09/04/99 - QUINI EN LA SELECCIÓN DE VETERANOS
Quini disputa, junto a los también ex sportinguistas Joaquín, Eloy y Jiménez y el ex oviedista Carlos, un encuentro con la selección española de veteranos ante una selección sudamericana como ayuda a las víctimas del Huracán Mitch. Ganó España (3-1) y el Brujo, junto a Alemão, logró un gol. Carlos y Gordillo también marcaron.


23/09/99 - LOS 50 AÑOS DE QUINI

Quini nunca padeció un marcaje más perfecto. En el día de su 50.º cumpleaños soportó, con mucho gusto, la felicitación de más de 300 personas que acudieron a la cena homenaje en el restaurante Marieva Palace. No pudo desmarcarse ni un segundo. Acompañado de su familia, de sus compañeros del presente y del pasado, «El Brujo» se emocionó con tantas muestras de cariño.

Nadie se quiso perder la fiesta, desde el actor gijonés Arturo Fernández a representantes del Fútbol Club Barcelona, el segundo equipo de Quini. Daniel Gutiérrez Granda, director general de Deportes, representó al Principado, mientras que María Teresa Ordiz asistió en nombre del Ayuntamiento de Gijón como concejala de Deportes. Asimismo, todos los integrantes del consejo de administración del Sporting estuvieron presentes, así como Eugenio Prieto, presidente del Oviedo. Los ex compañeros de Quini en el Sporting, ahora sus amigos, participaron en el homenaje: Antonio Maceda, José Manuel, Cundi, Redondo, Ferrero, etcétera, así como la mayoría de los veteranos del equipo rojiblanco agasajaron a Enrique Castro, Quini, al que le superaron tantas atenciones. Tampoco faltaron sus rivales, como Dani, mítico extremo derecho del Athletic de Bilbao, así como viejos amigos como Churruca, que hizo 900 kilómetros junto a su esposa para estar presente en el cumpleaños de «El Brujo». Representando al mundo arbitral estaban Díaz Vega y Mejuto González.

El resto de instituciones de la ciudad también acudió al Marieva. José Ramón González, presidente del Cabitel Gijón Baloncesto, Janel Cuesta, presidente del Grupo Cultura Covadonga, así como Genaro Prendes, máximo dirigente del Club Natación Santa Olaya. Pasadas las diez de la noche comenzó el homenaje. Se sucedieron los discursos, pero aderezados con una proyección nostálgica de imágenes. A través de una pantalla gigante, los asistentes volvieron a disfrutar con los mejores momentos de la vida de Quini. Después, llegó la cena y tras la misma, a la hora de los postres, el momento de los regalos. Sergio Puente, promotor del homenaje y José María Suárez Braña, presidente de la Federación de Peñas Sportinguistas, hicieron de anfitriones. Hubo de todo para «El Brujo», que no dejó de repetir aquello de «os habéis pasado». El homenajeado recibió también un presente de LaNueva España, una caricatura que le entusiasmó. Tras los dulces, la tarta y el café, la fiesta siguió su curso. Quini se sintió gratamente «sorprendido y orgulloso». «El Brujo» cumplió medio siglo y junto a él estuvieron sus amigos. No se rendía ya homenaje al delantero centro, al mejor «Pichichi», sino que se reconocía la calidad humana de alguien que sigue siendo el mismo.


09/06/2001 - QUINI RECIBE LA "GOTA DE ORO" DE "EL ORBAYU"
Enrique Castro, Quini, recibió esta noche en el Pabellón de Asturias de la Casa de Campo de Madrid el homenaje de la Asociación Cultural El Orbayu, formada por asturianos residentes en la capital de España. El acto consistió en una cena que congregó a más de 200 personas alrededor del hoy delegado rojiblanco y mítico goleador del equipo gijonés que recibió la Gota de Oro. Quini fue nombrado Asturiano del año por esta asociación.

El popular Brujo destacó antes del acto su satisfacción por recoger este premio y valoró el interés que mantienen por el Principado todos los que, por unas u otras razones, han tenido que emigrar del Principado en los últimos años.


12/06/2001 - QUINI REPRESENTÓ AL SPORTING EN LOS PREMIOS DEL DEPORTE
La entrega de los premios nacionales del deporte congregó en el palacio de El Pardo a más de 600 deportistas y clubes deportivos, entre los que sobresalió Quini, quien en la imagen departe con los Reyes. La representación asturiana se completó con los presidentes del Grupo y del Santa Olaya, así como con Juan Bautista Avendaño, como miembro del equipo español de la Copa Davis.


LOS NÚMEROS DE QUINI EN LA LIGA ESPAÑOLA

PARTIDOS MINUTOS GOLES PICHICHI
448 35.872 219 5

LOS PICHICHIS DE QUINI

TEMPORADA GOLES PARTIDOS EQUIPO
1973/74 20 34 Sporting
1975/76 18 34 Sporting
1979/80 24 34 Sporting
1980/81 24 34 Barcelona
1981/82 26 32 Barcelona

©1999-2001 página elaborada por Francisco Javier F. López